Cuernos y faralaes

19 10 2010

En julio tuvo lugar, una vez más, la Feria del Carmen y la Sal, la feria de San Fernando, la ciudad en la que vivo, vaya.
(Y sí, desde entonces tengo esto en borradores, pero ya os explicaré…)
Mi relación con la feria de la Isla está adornada con unas cuantas contradicciones.
En primer lugar, en mis años de instituto/facultad, iba todos los días. Es más, puedo decir sin miedo a equivocarme que, entre 1998 y 2006 no he faltado a la feria ni una sola noche.
(¡MIENTO! Falté el sábado de 2005, pero porque era el cumple de la chica con la que salía entonces y fuimos a cenar y de tranquilote…)
Eran tiempos más juerguistas…
(Luego, a finales de 2006 empecé mi relación de larga distancia, y mis colegas salieron de la ciudad o siguieron otros caminos, con lo que me fui volviendo cada vez más casero.)
Pero la contradicción está en que, cualquiera que me conzoca y que haya estado en una feria, reconocerá rápidamente que no es el ambiente en el que uno esperaría encontrarme. Y no ya sólo por el abundante niñaterío, o por el flamenco/pachanga/pachangaflamenco… O bueno, sí, qué coño. Precisamente por eso :p
Y mírame, ahí yo clavao
(Otra de las contradicciones sería que, cuando salía con mis amigos del instituto, el primer día, el martes, siempre decíamos que estaríamos sólo un ratito… y luego, como muy temprano, nos recogíamos a las seis…)
Pero, como digo, estaba allí, y alguna razón debería haber.
Y esa razón no era otra que la calle de las casetas universitarias.
La razón de la existencia de estas casetas venía a ser que las distintas facultades abrían casetas en la feria para ganar un buen dinero para sus viajes y sus vicios. Como es de esperar, es donde se concentraba el chavalerío, lejos de las casetas de partidos políticos, cofradías y demás.
De entre todas ellas, había tres que tenían su huequecito en mi corazón: Filosofía y Letras (que, fitetú, acabaría siendo mi facultad), la I Punto y la de Química, más conocida como La Meca del Etanol.
La buena música, la bebida barata y la gran cantidad de gente joven era lo que podías esperar encontrarte si entrabas en una de estas tres casetas.
Desgraciadamente, hace algunos años, los capos mafiosos que gobiernan cualquier ciudad española decidieron quitar esas casetas porque, según decían, era donde empezaban todas las broncas, y fueron sustituídas por casetas llevadas por los bares de la zona.
Sacad conclusiones…
Fue entonces cuando cambié las casetas por las botellonas en el caño, y eso cuando iba.
De hecho, el año pasado estuve en la feria, sumando todas las noches que duró, un total de DOS HORAS.
(Que estuviera en Sabadell hasta el sábado de esa semana es un detallito…)
Sin embargo, este último año recibimos la sorprendente y feliz noticia de que La Forja, célebre caseta jeviorra de la Feria de Puerto Real, abría este año sus puertas en la feria isleña.
Como no podía ser de otra forma, mis visitas con mi novia y los amigos a la feria se concentraban casi en su totalidad en esa caseta.
Y, para qué mentiros, éramos casi todo el mundo.
Sin embargo, en lo que a mí respecta, tener a mi gente, buena música y una maceta de cerveza por 3 euros es más que suficiente para tenerme contento. Ya me conocéis: soy de gustos sencillos.
Pero, como os digo, éramos cuatro gatos allí. Cuatro gatos que podían dividirse en las siguientes categorías gatunas:
– Jevis de todo calado, pelaje, edad, sexo y condición, desde el rockero treintañero (yo) hasta el chavalito que lleva dejándose melenas desde hace seis meses, o el quemaísimo (mención especial a Yoni el podrío. ¡Qué grande eres!)
– Novias de los anteriores.
– Gente que va a comprar alcohol barato.
– Gente que pasa por ahí para llegar al caño de la forma más rápida.
– Niños.
– Familias.
– Gente despistada.
Y fue ver cómo los niños disfrutaban en la caseta lo que más nos llamaba la atención.
Niños de unos seis años que saltaban y hacían airguitar, niñas con sus trajes de faralaes bailando al ritmo de Judas Priest o Europe, ¡incluso chiquillos haciendo headbang!
¡Si hasta bebimos en honor de alguno de ellos!
Porque, joder, si el rock tiene futuro, está en esos enanos…

Dejad que los niños se acerquen al rock.


Eso me hacía recordar cuando el nieto de mi vecina venía a casa y acababa en mi cuarto, donde yo siempre estaba escuchando musiquita.
Y al enano le gustaba. Parecía tener cierta predilección por los ritmos básicos y contundentes de AC/DC.
Una vez, comentándolo con la madre, mi cuñada, que tendrá muchas virtudes, pero el buen gusto musical no es, desde luego, una de ellas, decía que eso era porque aún era chico y no sabía distinguir.
Y, seguramente, así fuera. Aún era chico y no había dado tiempo a que sus padres le inculcaran sus gustos, que podían ser buenos o malos, pero, por lo que veía yo cuando ese enano sonreía escuchando It’s a Long Way to the Top, desde luego, no eran los suyos.
Curiosamente, la música rock rara vez se asume, al menos, en este acervo cultural nuestro tan español que nos hemos ganado, a la madurez.
Es como aquella vez hace unos años que no sé si os he contado, pero os lo cuento ahora otra vez.
El caso es que estaba yo con unos amigos y unos amigos de mis amigos y unos amigos de estos en un popular pub isleño. Uno de los integrantes del subgrupo de amigos de amigos de mis amigos me vio con mi camiseta grupera y mis melenas e, instantáneamente, me etiquetó como el jevi del grupo (aunque hay al menos dos mucho más jeviorros que yo en la pandilla). Pues el nota, así como para confraternizar, doblao como una caña rota, se me acercó y me preguntó si yo era jevi. Suponía que le importaba tanto que no me consideraba tal, más que nada porque yo soy más de rock duro que de metal, pero, mientras pensaba una respuesta que fuera a la vez sincera y cordial, él siguió hablando, como era de esperar. Y me soltó la perla que todo aficionado a los guitarreos afilados y a la percusión intensa ha escuchado alguna vez:
– Yo también era jevi… pero maduré.
Como podréis imaginar, mis intenciones de mantener comunicación con semejante entidad disfrazada de payaso terminó en ese momento, y parece que él también, pues siguió bebiendo y baliando cual pato epiléptico con la intención de meterse en la cama de una de las chicas del grupo.
Que ya os digo yo que fracasó.
Pero el caso es que me mató. ¿Madurar? Si eso es madurar, mejor me quedo como estaba hace 15 años.
Sin embargo, luego ves cosas como las que vi yo este pasado mes de junio.
Resulta que Sevilla recibía la visita más ilustre de la década. Nada más y nada menos que venían AC/DC, y claro, había que ir a verlos.
Por supuesto, hay fotos, y, por supuesto, como me pasó en el concierto de Héroes del Silencio, se me volvió a joder la cámara en pleno recital.
¿Y acaso las 62000 personas que estábamos allí éramos todos unos inmaduros? Porque había de todo. Incluso padres de familia. Y cuando digo “padres de familia” me refiero a “toda la familia entera”. Incluso pudo verse a tres generaciones juntas en las gradas.
Coño, a mí que no me vengan con tonterías. Está claro que madurar no tiene nada que ver con adoptar los gustos que la masa te quiere inculcar. Tiene más que ver con tomar tus propias decisiones y elegir tu vida.
Aparte, “madurar” me parece una palabra feísima. Como dijo Alfredo de Hoces, la fruta madura es la que se pudre al pie del árbol.
Es como cuando me hicieron un test en el último FPE que hice. Iba sobre la satisfacción personal o no sé qué leches, por la pirámide de Maslow y tal… Y todas las preguntas iban encaminadas a realizarte en el seno de una empresa, destacar, ser un buen miembro de la plantilla activa del sistema.
¿Dónde estaba la realización interpersonal? ¿Por qué era más importante ser un buen trabajador que tener buenos amigos, ser una persona creativa, dejar algo para las generaciones venideras, por insignificante que eso sea?
En definitiva, ¿por qué es más importante formar parte de la maquinaria social?
Así que vosotros me diréis qué opináis, pero ojalá yo pudiera pensar siempre como esos niñas que hacían cuernos con sus trajes de faralaes, y simplemente hacer lo que sea, cuando sea, disfrutando, sin que te importe lo que digan los demás.
Que por mucho que sumes años, sigas disfrutando como un niño. Y que sean los demás los que se hacen viejos…
Y que les joda ver que tú no.

PD: ¡He vuelto!


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6 responses

21 10 2010
Necio Hutopo

Bienvenido de regreso… Y el SPAM?… A ver… Dónde quedó el SPAM obligatorio que anuncia su regreso? Tan pronto perdemos las tradiciones?

Por todo lo demás… Luego hay quien me acusa de no ser adulto…

1 02 2011
2010 « Señores de este mundo

[…] verano de mi vida. Un mes con Lirael aquí, incluyendo un PEEDAAAAZO de concierto de AC/DC y una semana de feria con caseta jeviorra, y luego un mes y medio en Sabadell, Calella y alrededores, donde, aparte de ver mi primera foto en […]

1 02 2011
Calpurnia

muy buena la entrada antigente “yo era jebi con 15 años”, a ver si aprenden estarse calladitos

7 05 2012
Fosforo

Iba a decir algo. Pero al final lo ha dicho casi todo ud.

7 05 2012
Ana Bel

Ey! Novias y NOVIOS de los de arriba, que para esos sitios también vamos tías por iniciativa propia!!!

8 05 2012
Lograi el Luciérnago

Cierto, es verdad… Pero vamos, que las tías que vais por iniciativa propia entráis en “Jevis de todo pelaje”.
Qué bueno verte comentando por aquí, Ana. ¡Nos vemos prontito, ¿eh?!

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