Hace algunos días, aquí el amigo Skaeflock me dio la noticia que seguramente todos sabréis ya… y, si no lo sabéis, ya estáis tardando en flagelaros salvajemente…
Me refiero a que se nos ha muerto Michael Crichton.

Imagino que nadie lo suficientemente desquiciado como para estar leyendo este blog ignorará quién es aquí el amigo Michael, así que, si aún queda alguien, que tire de Wikipedia… y, quien quiera leer un panegírico, que le pregunte a Jeral.
Yo voy a ser egoísta.
Voy a ser egoísta y voy a analizar, ahora que me doy cuenta de ello, lo que supuso este hombre en mi vida.
Bueno, en 1993 yo tenía 13 años.
Como todo niño de 13 años que se saliese de la norma, a mí había algo que me llamaba poderosamente la atención.
Y ese algo eran esos malditos dinosaurios.
¿A vosotros también? Claro, vosotros también érais niños raros…
El caso es que, mientras yo me metía por vena todo lo que estaba a mi alcance relacionado con los lagartos terribles, salta la noticia de que Steven Spielberg, nada menos que Steven Spielberg, iba a hacer una película de dinosaurios…
¡Y qué película!
El argumento prometía emoción a raudales…
Y, entonces, llegó el libro.
Yo entonces no leía tanto. Pero ese libro, me llamaba poderosamente la atención…
El libro más adulto que había leído hasta entonces fue Lazarillo de Tormes, así que podría parecer que el salto era, quizás, demasiado largo…
Pero en algún momento tenía que darlo…
Y lo di…
Y vaya si lo di…
Empecé a leer Parque Jurásico en verano de 1993… y lo terminaría en invierno de 1994…
(Comprendedlo, me faltaba costumbre…)
Como digo, terminé de leer la novela en invierno de 1994, y, unos meses después, empezaría a escribir mi primera novela…
Podría decirse que este hombre es el culpable de que yo me metiera a escribir, sí, podría ser. Pero también podría ser que él fue quien me abrió el camino a conocer a JRR Tolkien, a Homero, a Phillip K. Dick, a Arturo Pérez-Reverte, a Alberto Vázquez-Figueroa, a Frank Herbert… y, al mismo tiempo, quien me abrió un mundo de historias que siempre imaginaba cuando me aburría en clase, que fueron tomando cuerpo poco a poco, evolucionando, creciendo conmigo… cambiando de mi cabeza al papel y del papel al monitor, creando personajes que eran cada vez parte de mí, a los que en ocasiones mimaba, y por los que sufría cuando les hacía sufrir…
Si eso me servirá para algo, no lo sé, sólo sé que descubrí la literatura gracias a Michael Crichton, una afición, una vía de escape, tal vez un futuro, quién sabe…
Sólo sé que, en buena parte, él es culpable…
Así que, gracias…
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Uiuiui lo c’a disho…